Me ha castigado todo lo que ha querido y más, y sigo viva por lo tanto debo ser su protegida.
Dos años tenía la primera vez que quise pirarme de este mundo, tengo 50, y todavía sigo aquí, como decía mi abuela en su lecho de muerte.
Últimamente rezo mucho porque me ha enseñado mi amiga Inma, pero no por hablar con él, más bien por callarme la boca.
No es porque crea en su existencia ahora y en la hora de mi muerte amén, no son vuelos de mariposa, a mí se me posan.
¡Por los clavos de Cristo!
No hay manera.
Soy muy animal, no aprendo, no mido consecuencias ni busco el éxito, solo el instinto y la energía me guía.
Puto gato chico la que tiene liada, si no fuera por el amor que le tengo y por sus uñas, ya estaría inmovilizado.
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