La muerte no tiene importancia, todos nos tenemos que morir, lo importante es lo que haces mientras estás viva.
Una puede hacer una cosa todo el tiempo, bien hecha, siendo experta reconocida, famosa por esa cosa, a la que todo el mundo le pide opinión de esa cosa, con un nombre en la Wikipedia, maravilloso, maravilloso.
O hacer muchas cosas, la mitad de ellas mal, que no te conozca nadie y a ser posible que no salgas ni en las fotos, pero que a cada paso que des, una persona te recuerde que estuviste con ella en esa cosa, distinta a otras cosas que no tienen nada que ver ni por asomo, con la cosa en que estás metida ahora.
Hoy me encontré con Ángel, primero me salió el instrumento por supuesto, trombón.
Le pregunté que si seguía y me dijo que con la universidad no tenía tiempo.
- ¿Qué estás estudiando?
- Soy profe. Estudié ingeniería, si ya tengo más años que la tota.
Pues anda que yo.
A primera vista, ya sabía de la cosa a la que pertenecía, otras veces necesito mi tiempo, y poco a poco empecé a recordar momentos juntos, asambleas, problemas que resolver, hasta el cargo que tenía de presidente, después del fundador, trompeta, que más da su nombre, tengo su cara.
Recuerdo que le dieron un primer premio, un vale para la tienda de música para comprar lo que él necesitara, porque era el que más presencia tenía y los ensayos.
Asociación juvenil, sin dinero de por medio, lo que ganaban era para los gastos, y viajes, fiestas en la sede, no se puede hacer mejor. Con asambleas interminables para mostrar todos los gastos, yo estaba allí.
Hace poco ví a dos novios de la banda paseando juntos con un carrito de bebé.
La Banda sinfónica Ciudad de Jaén fue para mí una de mis cosas más queridas, DOCE NIÑOS Y NIÑAS, entre ellos mis hijos con diez años, cumplen treinta este año.
O me meto en estas cosas, o me meten, está vez, si no es porque mis hijos me lo pidieron con cara de gato de Shrek, yo no hubiera estado allí, bastante tenía con el conservatorio, los scout, el trabajo y otra pareja de mellizos
Estuve en aquella reunión, donde se les faltó al respeto a un montón de menores, me salí indignada y detrás de mí un chorro chiquillos.
A la Mamen chica la llamaron cabecilla. Había una Mamen que tuvo que esperar a ser mayor de edad para poder entrar en los papeles, pero era de la ejecutiva desde el principio. La Mamen joven, hoy tiene treinta y cuatro, ya no es tan joven.
Cuando estaban cerrando el local los cofrades directivos, agachados para bajar la persiana y cerrar, me acerqué invadiendo su espacio vital, como si les fuera a mear con mi pito de goma, el que me regaló mi Marcos, con total impunidad:
-¿ Estos que tocan? - les dije a los chiquillos.
Buscaron un director al día siguiente, en una semana estaban organizados por sí mismos, yo estuve en el ajo, que me disparen, pero solo era un soldado a sus órdenes, tenían una fuerza y energía incomparable con la de los adultos.
Pincha aquí verás a José y Blanca con la sinfónica
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