Cuando alguien al que odio habla bien de mí, yo podía sonreír como una cabra comiendo miel, con el labio de arriba, callada, pero como un gallo al que sumergen del pescuezo debajo del agua, no puedo evitar cacarear sin dejar que terminen el relato, tomar aire y gritar como si acabara de amanecer.
- ¡Yo a ese no! ¡Noooo! ¡Yo nooooo! (léase en tono gallo al amanecer y de forma indefinida)
¡Mátame! ¡Qué me disparen! O que me pongan un cubo en la cabeza, mano de santo para que pueda estirar el pescuezo y cacarear, que me lo contó mi amigo Eduardo de Puerto Alto.
No puedo.
¡Ostras! me estoy imaginando un cubo imaginario que sacó del bolso y me lo pongo en la cabeza cada vez que quiera evitar decir un ATINO.
Al final no sería efectivo porque la gente entendería que si estoy en una reunión con un montón de gente y sacó un cubo del bolso y me lo pongo en la cabeza es porque alguien ha entrado al que no soporto.
¡ CON LO BIEN QUE ESTARÍA CALLAICA !
Y si tengo que retirar la cara a una persona y detrás viene alguien al que me encantaría saludar, perfectamente dirijo mi mirada y sonrío a bocajarro diciéndole, a ti sí, aunque al primero le de coraje.
A ti no.
Y mira que me vendría bien ser una hipócrita asquerosa, porque éstos después de muertos tienen mucho poder y hacen mucho daño, les tengo bastante miedo, pero no.
Y es que a veces la gente a pesar de que le crucé la cara con una equis, reconoce el mérito de mi existencia, y en el fondo todavía tiene sentimientos positivos hacia mí.
¡Pero yo a ti nooooo!
Con lo bien que quedaría yo con la boca callada, con lo bien que quedaría yo, intentando hacer ver que se me ha pasado el odio.
Pero no, yo odio hasta el día en que me muero, el odio es necesario para librarse de nuevas ofrentas de los odios@s, no dejan de serlo nunca.
Y si alguien quiere preguntarse qué pasó, que investigue, ya no pierdo el tiempo en dar explicaciones, solo que se escuche el grito de guerra del gallo rojo.
¡Yo nooooooooooo!
Con la cara a veces cacareo, por no hacer sangre, pongo ojos de burro y pego cabezazos al aire con la lengua mordía, es un segundo, pero el que quiere lo traduce como un un YONOATINO.
Y lo siento, lo transmito, le enseñé a mi nieta con un año a decir: a ti no, y lo siento, pero no.
Yo qué sé, llámame lo que tú quieras, lo soy.
Si tengo que responder en positivo ante un halago, yo no, o quedar como una desagradecida si, vale, lo soy.
No soy yo, es mi lengua viva, la que mata.
Y créeme que lo intento, y a veces preparo ungüentos, y repaso mis motivos, intento pedir disculpas por mi mala lengua, y escribo, y reescribo y lo vuelvo a borrar, y de nuevo una falsa disculpa y la vuelvo a borrar, por mi mala lengua,(...)
Pero no.
Cada vez voy mas para vieja, y cada vez más cerca de la muerte, y cada vez me importa menos lo que piensen de mí.
Lo sé, pero NO.
Nota: algo harían.
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