lunes, 14 de marzo de 2016

ARDO

La puntuación máxima
Fuerte, otra vez
es así ¿ves? así es
me enamoré.

Soy un as en la manga
soy más de tres.
Escalera en colores
ardo por él.

Le miento, ardo por dentro
no es cierto lo confieso
Pa mí quiero tu tiempo
Pa mí to entero quiero.

No soy celosa, miento
Ardo de celos, confieso
Porque yo nunca miento.

No me enfado, no es cierto.
me da rabia, reviento 
si roban tus momentos.

Tus quejíos durmiendo
Pa mí quiero tus sueños
Tú eres mío pa mí
tac,tac,tac,tac,Te quiero.
(marcar con la mano un cuatro por cuatro silencios de negras mirando fijamente a tus ojos)

La puntuación máxima
Fuerte, otra vez
Sin alimentar mis ganas
me apagaré.





domingo, 13 de marzo de 2016

TÚ MÁS

Descarto al instante y a primera vista

Buscando donde otras ya ni mirarían.

Yo sola encuentro tus mil maravillas

y cien  cicatrices de tus otras vidas.


Me encanta, te encanta exploro tus nalgas

Te encanta, me encanta un silencio, una pausa.


Te toco, me tocas, que lo sepan otras

Me toco, te tocas, que nadie se esconda.


Me miran tus ojos, tu bella sonrisa

Tu boca preciosa le gana a la mía.


jueves, 10 de marzo de 2016

RIESGOS

Atados de pies y manos, él le quita a bocados su mordaza y ella a él. Se disfrutan la boca, se olvidan del hostil entorno. Y al final, la bomba no explota, falsa alarma.


Moraleja, el que no arriesga se salva, pero no besa a la chica. 

LVM


martes, 8 de marzo de 2016

CRÉETELO

Si tú te lo quieres creer, créetelo. 

Si te quedas más tranquilo, perfecto.

Es normal que generes una mentira que solo puedan creerse los necios, porque en los hechos está la verdad.

Es normal que te callen la boca y tengas que bajar la mirada si te cruzas con personas informadas, con testigos de los hechos.

Es normal que no lo digas delante de nadie que me conozca bien, porque escuchando tu teoría de la conspiración, puede parecer que lo que intentas es como hacerle creer que yo maté a Kennedy.

Es una mierda, de verdad, que no aprendas a vivir y dejar vivir. 

¿Por qué no trabajas por tu propia credibilidad? en lugar de ensuciar la mía para intentar darle brillo a la tuya, con la grasa que queda en tus manos después de despellejar a la mía.

¿Por qué no haces algo por ti mismo? 

Algo que genere el respeto de los demás hacia ti, que desprenda admiración por poca que sea, por pequeña que sea la cosa.

Siempre fuiste muy mediocre, incapaz de funcionar por tus propios méritos, viviendo de las rentas que otros te legaron.

¿De que te sirve tirarme piedras a mí?

Detrás tengo un ejército dispuesto a defenderme, con mucha mala leche y un tirachinas por cabeza.

No permitas que te tomen por necio, no dejes que te llamen resentido, no intentes elevar tus suposiciones a verdad, mentiras no son, solo son tus suposiciones.

Si dejas de emitir tus necias palabras, el tiempo las borrará, te pondrá en tu sitio. 

Cada vez que hablas, mis hechos desmienten.  

Tú mejor callaico, así dejarán de llamarte necio. 

Yo las olvido, sin querer, aunque nunca perdono, tampoco es necesario.  

La próxima vez que te vea, te daré lo tuyo, dos besos hipócritas y para nada sinceros, como los que espero de ti, que no sabes que sé, que juegas sucio. 

Judas. 


sábado, 5 de marzo de 2016

ODIOSA

A mí la boca me arde. Si tengo algo que decir y callo, me arde. Pienso que además es para todos por igual, que arden las bocas de los cobardes.

Yo escupo y me refresco la boca, ellos no tienen valor de venir, por miedo a recibir mis palabras, en mi defensa.

¿Tanto las temen? ¿Tan rotunda es mi lengua, tanto mata la muy viva?

¡Ven  y me lo cuentas a mí!

No, que vá, doy susto. 

Mejor escupir por aquí y por allí tu veneno, dar mil vueltas  y dos besos cuando me veas. 

¡Uf! Si ahora mismo me leyeran. Supongo que serán de los asiduos. Estos, mis enemigos, cuento una decena por lo menos de momento, grandes y pequeños, enemigos tengo ya unos pocos, entre los que manifestaron su desprecio por mí y los que siguen ardiendo.

No sé qué le pasa a la gente, no soy tan poderosa. Me los imagino hablando solos, de lo mucho que me desprecian y me odian.

Seguro que vigilan mis pasos, seguro que se retuercen con mis progresos, con la suerte que tengo, de verdad que siempre caigo de pie.

No podrán nunca alegrarse de mis desdichas, porque no las cuento. A mí todo me sale bien, si algo no lo hace, yo lo arreglo. 

Yo lucho y sonrío.  

Últimamente lo que yo opine afecta, no lo entiendo. Mi opinión es considerada por los demás como relevante. Es curioso como aquellos que gozaron de mi total indiferencia durante años, ahora intentan hacerse ver de una u otra forma.

Ahí andan, retorciéndose en su dolor de haberme conocido y haber recibido por mi parte la indiferencia y a mí que no me llama la atención ni una esquela con su nombre en el periódico de mañana. 

Se enterarán de mi muerte a los años y espero poder sembrar la duda como hizo Elvis, para que se jodan más todavía. 

Siembro de indiferencia muchas molleras, tantas como las que siembro de amor. No se puede amar a todo el mundo, nadie puede ser amado por todos. El odio es un sentimiento tan importante como el amor. 

Es falsa afirmación de que el odio es malo para la persona que odia, es malo solo para la odiada, evidentemente.

Yo necesito odiar y es evidente que otros necesitarán odiarme.  



LVM


jueves, 3 de marzo de 2016

INSONRIBLE


Soy una incorregible. 


Sé que sería más correcta la expresión: soy incorregible, pero es que a mí me gusta más la primera.

Además soy una insonrible. No existe esa palabra pero aquí abajo se me entiende, ¿por qué no voy a utilizarla?

Insonrible es alguien que se pega un atracón de mantecados con pan. 

Insonrible es el que hace todo a “brazaos”, de manera reiterativa y repetitiva.Suele ser ansioso y cansino a la vez. 

Eso es un insonrible, que es lo que soy yo, una insonrible incorregible.

Esto tiene algunas ventajas en según qué actividad.

Para una ruta por la montaña, es bueno. Para un paseo romántico en barca no.

- ¡Remar, remar, remar, remar ...

Para buscar amante no es malo si no huye al conocerte. Para follar fantástico si sobrevive.

- ¡Remar, remar, remar, remar ...

Me vais a tener que perdonar, me gustaría ser de otra manera y a veces intento corregirme. Otras borrarme directamente pero nada, soy así, no puedo evitarlo, si no, no  descanso y entonces escucho voces en mi cabeza, y entonces, lo tengo que hacer.

No os asustéis, pero a lo mejor la lio parda.

Soy una egocéntrica, eso cada día más. Para qué negarlo, antes lo disimulaba, ya no. No me conformo con hacer cosas que nadie haría en mi lugar, además me gusta que se sepa que he sido yo aunque me perjudique, solo por el placer de decir que fui yo, por chulería. 

En una sala repleta de gente, mi peo tiene que ser el más grande, el más sonoro, el más apestoso, porque soy una insonrible, además seguramente me tiraré dos peos por repetitiva y para terminar, por si alguien en la sala no se había enterado, gracias a lo egocéntrica que soy cada día más y a pesar de mis vagos esfuerzos por evitarlo, alzaré un dedo bien alto y diré:

-          He sido yo.

Y es que la verdad, me importa muy poco, todo absolutamente.




NOTA: cucha qué he encontrado, que si existe!!!!
fititu.es › Motril INSONRIBLE | Diccionario Andaluz Fítitu: persona insaciable, bribón.



Palabras relacionadas: ESTARTALAO Dicese de la persona nerviosa, que habla mucho y alta… Pejigera Persona muy pesada y repetitiva.

jueves, 25 de febrero de 2016

¿PSOE+CS+PP?

¿Por qué lo llaman desahucios con h intercalada cuando quieren decir echados a la puta calle?

¡Qué gente más fina!

Desahucios ha habido de toda la vida de Dios, lo que pasa es que ahora están de moda por las movilizaciones solidarias. Rojillos con su palestina que se apiñan juntando pechito con pechito y ombligo con ombligo,  para que la policía los saque poco a poco y hacer un video de lucha rojilla contra los desahucios.

Bueno, eso era antes, ya no se ve tanto en las noticias. ¿Por qué será? Como diría la Bombi.

Si no la recuerdas mejor para ti, mi compañera de contrabajo solo tiene ocho años, y no recuerda canciones de hace diez y así cuanto más joven más ignorante y mucho mejor para ti.

Yo preferiría ser más ignorante y tener las tetas caídas hacia arriba y la piel tersa.

He visto en primera plana del periódico algún que otro desahuciado, cartelito en mano para la foto, a ser posible en un cartón y con boli bic que no pinte, no vallan a pensar las personas que es un desahuciado con ordenador y recursos.

Ha parado un poco la fiebre de las movilizaciones, ¿Será porque ya no hay?

Claro.

Desahucios, digo.

Con h intercalada.

Yo me lo digo todo, yo me pregunto, yo me contesto. De sobra sé que sigue habiendo desahucios con la puñetera h intercalada que nunca sé dónde ponerla.

Antes todos éramos activistas, con nuestras camisetas con la señal tan preciosa de stop, ¡Ale! a cambiar el mundo. Pero todo cansa, un par de multas, un par de condenas y se quedaron solos otra vez los desahuciados, y los que no quieren ser famosos, doblemente solos.

Esos que nunca veremos aparecer, porque al dolor de verse en la calle, no quieren sumar el de que la gente lo sepa. Además, saben que salir en la prensa solo servirá para eso, para salir en la prensa y que su panadero lo sepa, su vecino lo sepa, el que lleva el autobús lo sepa…

Y que hará toda esa gente si luego lo ve tomarse una caña porque lo invita un amigo, decir, anda y luego dice que lo van a desahuciar.

Cuando un desahuciado se hace famoso, sufre doble desgaste. Las personas de bien que pagan sus hipotecas, lo señalan para que todo el mundo sepa que ese, es un geta, que dice que no puede pagar, pero va por la calle consumiendo aire. 

Cuando uno conoce a uno de estos, de los que se lo han buscado solitos, de los que a saber lo que ha hecho, de los que seguro que son unos trápalas… uno lo primero que hace es quitarle importancia:

-          ¡Qué va! Eso es  que lo dice, pero ¿Cómo le van a quitar la casa?

Después haces la vista gorda. Tú no puedes hacer nada, por lo que lo mejor que puedes hacer pensar que no está ocurriendo. Agradece que no te ha tocado a ti, que tú tienes trabajo todavía aunque ganes la mitad que antes.

 Y si escuchas llorar al señalado, pues piensas que estará resfriadillo.

¿Cuál es la solución para estas personas? Que alguien ponga la pasta, dejaros de cartelitos, apoyos psicológicos y tonterías, todo se soluciona con pasta. 

Con un puto trabajo, con una verdadera salida de esta puñetera crisis que ya comienza a saltar generaciones, con alguien que queme el congreso con todos los ladrones dentro, con un buen misto que arda Jaén desde el Castillo hasta el Polígono, como diría mi padre.


Yo tenía esperanza de que la cosa cambiara, pero que va, al final volvió a ganar la derecha. 

LVM



lunes, 8 de febrero de 2016

YO, SIN SEXO

¿Sabes qué pasa? Que estoy cansada de relaciones complicadas dignas de un guión de serie adolescente. Me encantaría una relación sencilla, con un personaje complicado.

Eso es prácticamente imposible. No me atraen los simples. Una vez conocí a una persona sencilla de mente y me quedaba mirando al techo después de echar un polvo.

RELACIÓN SENCILLA: chico complicado conoce a chica complicada, se aceptan como son, no tratan de rectificar la conducta de ninguno, se miman, se llaman, se besan y se aman. FIN.

PERSONAJE COMPLICADO: No es necesario que tengas siete carreras para ser una persona complicada de mente, todo lo contrario, con que alguna vez te hayas despertado en mitad de la noche para crear, ya me vale.

Ayer estaba ansiosa. Hace tiempo que no tengo sexo, eso puede ser también la causa, pero sobre todo fueron causas naturales. 

¿No voy a estar ansiosa? Me han parado de golpe. No puedo hacer nada. Menos mal que tengo el libro de nuestro querido Miguel que puedo hacerlo en mis circunstancias actuales.

Bueno, pues pensé:

-          Quizá esta ansiedad se me quitara si tuviera a un hombre a mi lado que en este momento me echara un polvazo impresionante.

Pero luego me dije:

-          ¿Y qué hago yo con los niños, los gatos, el conejo, el pájaro Piticli y las demás cosas que esperan por mí a que termine de lo que estoy haciendo para que las atienda ?

Si, tengo un conejo, si, si, también tengo un conejo. No he querido presentarlo porque se lo llevan en breve, pero joder, que sigue aquí Jito, el conejito, y eso es malo, malo, malo.  Voy a hacer una casa de conejitos en el campo, pero aún no tengo tiempo.

Bueno, a todo esto lo que quiero contar es que, como no es posible quitarme la ansiedad que genera mi falta de actividad física motivada por asuntos familiares que solo yo puedo resolver, y tampoco quitármela con sexo desenfrenado con un hombre complicado en una relación sencilla, pues solo me quedó tocar el contrabajo cuando llegué a casa.

No sé que tiene la música, eso que la pieza era “todos los patitos se fueron a nadar” pero a mí me quitó la ansiedad que yo pensaba que era falta de sexo fundamentalmente. 


Es que ¡madre mía! a las fechas que estamos ya de dos mil dieciséis ¡ mira que empecé mal el año!

LVM 

domingo, 10 de enero de 2016

SR.VIVÓ: LENGÜETAZO CUATRO

Yo siempre fui el mayor, no solo por nacer veinticinco minutos antes que Javier, sino porque aunque parezcamos iguales, los gemelos idénticos también tenemos nuestra propia personalidad, yo era el más responsable ya desde pequeños.

Recuerdo en una ocasión, antes de ser internados en el colegio,  que se hacía tarde y yo le pedía a mi hermano que volviéramos a casa. Siempre quería un poco más. Siempre era él el que nos metía en líos. Me marché enfadado y lo dejé en el parque. Cuando había andado solo un par de calles, tuve un presentimiento y eché a correr de vuelta a su encuentro. Efectivamente le estaban pegando. Al verme se sintió salvado y se creció. Juntos éramos invencibles. Podíamos con todos y con todo. Sorprendíamos al enemigo con nuestro parecido, lo desconcertábamos. Solos nos encontrábamos perdidos pero juntos nos envalentonábamos e incluso nos poníamos chulillos.

¡Me los imagino!

En el colegio nos defendíamos siempre. Todos tenían cuidado de meterse con nosotros porque sabían que éramos dos. No es lo mismo ser dos amigos, incluso ser dos hermanos que ser, nosotros dos. ¡Eh! ¡Cuidado, qué vienen los Vivó!

Compartíamos todo, hasta los castigos. Una vez recuerdo que nos castigaron sin recreo. Supongo que sería a Javier que siempre era el más rebelde. El caso es que nos pusieron tres meses castigados sin jugar en el patio, contra una pared de piedra. Unas veces se ponía él otras yo.

Mi hermano y yo, imaginaros, siempre unidos, desde nuestro nacimiento. De bebés éramos tan iguales que las hermanas discutían porque cada una tenía uno a su cargo y recuerdo que mi hermana Esther me contaba que al principio se enfadaban porque se había cagado uno y la otra decía que era el suyo, mientras Delia le replicaba que no, que el suyo estaba limpio.

Pronto descubrirían un detalle en nosotros que nos diferenciaba. La nuca. Uno de nosotros tenía un remolino en el cogote y el otro dos. No sé muy bien quien tenía uno o dos, pero si que las hermanas a partir de ese momento no volvieron a discutir y cada una sabía bien quién era el suyo.

Todos los males nos sucedían a la vez. Las enfermedades nos atacaban a los dos de igual forma. Se nos caían los dientes al mismo tiempo y el mismo diente. Recuerdo que una vez, uno de nosotros pegó un melonazo en el escenario donde trabajaban mis padres y se hizo una brecha en toda la frete. Todos se reían y nos decían que ahora si que iban a distinguirnos. No pasaron muchos días cuando el otro, se pegó otro golpetazo y se abrió una brecha igual de grande en el mismo sitio.  

Al salir del colegio encontramos trabajo con los oficios que aprendimos allí. Yo era tornero y mi hermano electricista. Lo que pasa que como éramos tan jóvenes, no nos pagaban casi nada, nos daban trabajos de poca monda, barrer el taller, hacer recados, pero no nos dejaban tocar las máquinas. Alguien de nuestra edad, estaba contento con ese dinerillo para aportar en casa y tener algún capricho, pero nosotros teníamos que pagar alojamiento y comida, no teníamos familia.

Las cuentas eran cosa mía, las compras, el manejo del dinero, el que buscaba cobijo para dormir, el que ingeniaba artimañas para sobrevivir, era yo. Él confiaba en mí plenamente. Todos los días comíamos lo mismo, lo más barato. Garbanzos que cocíamos a medio día y que por la noche hacíamos sopa con el caldo. Una hogaza de pan que nos tenía que durar toda la semana y carne de membrillo. Comer y cenar, solo nos daba para comer y cenar. Así nos alimentábamos después de un duro día de trabajo. Os podéis imaginar el hambre que teníamos, enquistada en nuestros cerebros y nuestros cuerpos.

Lampando. Yo si puedo imaginarlo, porque sé el hambre que da hacer esfuerzos físicos trabajando en mi barco, salgo de allí lampando. Otros lo sabrán por el gimnasio, o por las rutas de senderismo de alta montaña, también por los nuevos empleos de media jornada, de doce horas por seiscientos euros. No quiero ni pensar si al llegar a casa no tengo la nevera llena, ni pan y aceite en la lacena. No quiero imaginar si se me apaga el móvil que haría, si no me arranca la tablet ni el ordenador, si me cortan la luz, si la compañía telefónica no me manda a tiempo el nuevo terminal y me quedo sin línea… ¡Qué ansiedad!

Javier empezó a fumar nada más salir del colegio, es más, ya lo hacía dentro. Recogía colillas para liarlas en cigarrillos y así iba siempre recopilando. A mí me daba pena y con el presupuesto de comida, conseguía ahorrar de aquí y allí y darle la sorpresa con un paquete de tabaco de vez en cuando. No tardé mucho en imitarlo, un año después empecé a fumar yo también.

Dormíamos en un colchón para los dos, en una buhardilla desde la que veíamos las estrellas. Te aseguro que en invierno y en León, no es nada romántico ver el cielo a través de las tejas rotas de aquel sitio. Mi hermano hizo una especie de brasero que conectó a los cables de aquella casa sin que nadie se diera cuenta. De algo tenía que servir la profesión que estudiamos con los curas.

No podíamos sobrevivir con tan poco dinero y lo dejamos para trabajar en la construcción, que se ganaba más. Recuerdo que lloraba en invierno mientras manipulaba los azulejos y ladrilos para mojarlos, Había que romper el hielo para llegar al agua.
Los oficiales me gritaban pidiéndome material, me dolían tanto las manos, que lloraba mientras trabajaba con ese dolor. Los compañeros se reían cariñosamente y me consolaban un poco. 

Cuando llegaban las nevadas fuertes y tenías que parar en la obra por las heladas, no se podía hacer hormigón porque se congelaba el agua y se rompía, yo me iba a comprar pan y lo repartía por las casas, para las  mujeres que no querían salir con la nieve y el frío. 
No podías parar de trabajar un día, eso significaba hambre hasta que volvieras al trabajo.

Así sobrevivimos un año en león. Éramos felices a nuestra manera aunque teníamos claro que había que salir de allí para poder prosperar un poco, comer todos los días y dormir en un lugar cálido.

Decidimos largarnos de allí. Pedimos adelantada una semana de sueldo en la obra. Fuimos al obispado y les hablamos de lo mal que lo estábamos pasando, de que éramos huérfanos adoptados por la iglesia, de todas las fatigas que habíamos pasado en el colegio y aquel cura nos dio quinientas pesetas y un saco de patatas. Nos acompañó también a comprar ropa para que la pagáramos a plazos,  en caso contrario respondían los curas.


Respondieron los curas, vendimos las patatas y compramos un billete de tren para La Coruña. 


Miguel Vivó, 19 años, el día de su boda.

sábado, 9 de enero de 2016

SR.VIVÓ: LENGÜETAZO TRES

Durante los ocho años que pasamos en el colegio de San Cayetano, siempre que me llamaban por el altavoz, tenía la esperanza de que fuera mi madre o algún familiar que venía a sacarnos de allí. Nunca nadie vino a visitarnos. Ni en navidad, ni para vacaciones… nunca.

Aquella mañana al escuchar mi nombre me llevé un sobresalto y corrí a la dirección a ver que ocurría. Como siempre, nada bueno. Nunca jamás una carta, una buena noticia, una sorpresa…  siempre lo mismo, regaños, castigos y golpes.

Ese día fue lo peor que recuerdo, porque no me lo hacían a mí. Nada más entrar en el despacho veo como el padre Vicente le propina una bofetada a mi hermano que le hace tambalearse de la silla. Estaba sentado para facilitar su castigo. Mi hermano ya tenía doce años y los padres se agotaban si tenían que soltar bofetadas tan altas. De esta manera, descargaban el peso de sus brazos con más brío y soltura. 

No estaba atado ni nada de eso, no era necesario. Sabíamos que si poníamos las manos en nuestra defensa, si intentábamos correr, si nos movíamos de la silla… despertaríamos la ira de nuestros represores y la paliza sería aún mayor.

Estaba rapado al cero, con las manos en la espalda, llorando y gimiendo, pero sin molestar mucho a los padres. Al verme entrar en el despacho abrió los ojos con sorpresa y miedo, porque sabía que a mí me iban a hacer lo mismo. Mi hermano negaba una y otra vez con desesperación, que yo estuviera implicado en los hechos. Gritó, suplicó, que no me hicieran nada, que yo no sabía nada.

El crimen del que se le acusaba, era el de banda organizada. Entre varios compañeros, planificaban asaltos a la cocina, para substraer alimentos sobre todo para los más enfermos o los que habían sido castigados sin comer, en algunos casos varios días.

Bajo el escenario del salón de actos, se reunían a oscuras para planificar los robos, iluminados por una pequeña vela.

Se la olvidaron allí y los pillaron.

Pretendían sonsacar a mi hermano, quienes eran el resto de los implicados. No consiguieron nada. Tres curas corpulentos, bien alimentados, se ensañaron con mi hermano delante de mí. Estuvieron preguntándole y pegándole durante más de una hora, que a mí se me hicieron siglos. Me hubiera gustado estar en su lugar antes que viéndolo.

Entre risas y comentarios de reproche por sus llantos, se burlaban de lo delgado que estaba, de lo mal que aguantaba los golpes, de lo llorica que era. El padre Vicente le rompió el palo de una escoba en la cabeza. Contrariado lo insultaba por tenerla tan dura que se había roto su escoba. Mientras, a las órdenes del director, Fray Ramón, al que llamábamos el pelachopos por lo alto que era, le apretaba del cuello hasta dejarlo casi muerto.

Le dieron una paliza de tan fuerte que perdió el conocimiento varias veces. Se tomaban su tiempo, si había que esperar a que despertara y seguir, lo hacían. Así hasta que se cansaban.  Era difícil teniendo en cuenta que eran tres. Mi hermano solo un niño indefenso de doce años que apenas contaba con treinta kilos.

Cuando salimos de allí, nuestra imagen era la más parecida a un preso de un campo de concentración. Aquella experiencia nos hizo tan fuertes que pensábamos que podíamos vencer cualquier escoyo, incluso a la muerte.

Para comprender el porqué de mi forma de vida, hay que conocer esta parte. Fui preso con tan solo siete años, ahora mi tesoro más grande, es mi libertad.

Al terminar me ordenaron que lo llevara a la enfermería. Tenía sangre por todas partes, no podía abrir un ojo y el otro apenas. Se agarraba con dolor un brazo, llevaba roto algo seguro, caminaba apoyado en mí, apenas podía caminar.  

Al salir del despacho, otro compañero casi se desmaya al verlo, sabedor de que él era el siguiente. Mi hermano lo miró y le dijo:

-          Si dices algo, yo mismo te daré una paliza igual. 

No dijeron nada ninguno y ahí terminó todo.

Así pasaban los días, las semanas, los meses y los años en aquel lugar. El hambre y el frio era nuestro compañero, los padres se gastaban el dinero en cosas personales, en alimentos y caprichos para ellos, en lugar de comprar carbón para la calefacción o comida en abundancia para nosotros.

Como sería el hambre que llevábamos siempre en el cuerpo, que si alguna tarde nos sacaban a pasear fuera de nuestro recinto y nos encontrábamos una mondadura de plátano, o cualquier cosa comestible, difícil de ver en aquellos tiempos, nos tirábamos a por ella desesperados e incluso provocaba peleas por conseguir aquel manjar.

Ellos se reían, se mofaban.  Volcaban su odio en nosotros con tanta virulencia que nadie podía ni imaginar. Cómo serían de malos aquellos curas de la Orden de los Terciarios Capuchinos, que Franco los exilió a Argentina en el 65, después de una década negra de abusos a los menores que supuestamente educaban. Nosotros vivimos bajo su yugo ocho años.

Las palizas, el hambre, el dolor y como no, los abusos sexuales, era para nosotros un tributo a pagar por vivir. Éramos huérfanos de los rojos, despojos, abandonos, y en nuestro caso, al saber nuestro nombre cuando nos encontraron y localizar a mi madre, éramos todavía más despreciados. Hijos de mala madre. 

A los recién nacidos, los criaban como hijos suyos, y aunque llevaban la misma vida que nosotros, eran mejor mirados. Pero nosotros éramos un escalafón más bajo aún en aquella sociedad.

Nuestra familia en cambio, pensaba que estábamos bien. Allí nos daban alimentos y una educación. 

Aprendimos muchas cosas. Cuando llegamos al colegio no sabíamos nada. Se reían de nosotros porque con cinco años los niños allí ya sabían leer y hacer cuentas, nosotros nada absolutamente. Pero pronto callamos todas las bocas y nos hicimos muy aplicados. Adelantamos  incluso  a los que llevaban años leyendo.

Tengo también buenos recuerdos, sobre todo de los compañeros. Las salidas al río, la camaradería. Estrenamos prácticamente el orfelinato. Entramos en septiembre y en mayo cumplimos los ocho años. Con dieciséis nos echaron de allí porque teníamos familia reconocida. A los huérfanos sin nombre, los dejaban hasta los veintiuno.


Al pisar la calle por primera vez ya libres, el sentimiento de euforia por la libertad obtenida, duró poco. Nos miramos al momento pensando, qué cenaríamos y donde dormiríamos esa noche. 

Teníamos miedo,éramos unos niños, pero estábamos juntos y nunca nos sentiríamos solos en esta vida. 


En la última fila el primero por la izquierda Javier Vivó, en la fila de abajo el primeo por la izquierda tambie Miguel Vivó poco antes de cumplir los dieciseis y salir libres.

BIBLIOGRAFÍA

Miguel era E-23 y Javier  E-55



















viernes, 8 de enero de 2016

SR. VIVÓ: LENGÜETAZO DOS

Mi vida hubiera sido distinta si se hubiera respetado la voluntad del pueblo. Imagino que si el General Franco no hubiera cambiado el curso de la historia, hoy nuestras vidas serían distintas, no solo la mía, la de todos los españoles.

El odio transmitido por generaciones entre hermanos, vecinos y amigos, continúa hasta nuestros días. Pienso que la única manera de terminar con él,  sería la unión de nuestros jóvenes contra los verdaderos herederos del odio. Solo ellos pueden ponerse de acuerdo  y confluir. Que se nos quite de la cabeza que la coalición ha de ser de izquierdas o derechas, la unificadora sería la unión de los jóvenes, hoy representados por Podemos y Ciudadanos.

Es curioso escuchar a Miguel hablar de la guerra y de la república en primera persona  al mismo tiempo que opina sobre la actualidad política y social. No se excluye cuando habla de los jóvenes porque se siente uno de los nuestros. Anoche me di cuenta de que por mucho que algunos se empeñen con cremitas, cirugía o vestimentas modernas parecer jóvenes, solo consiguen ser patéticos. A nosotros no nos engañan, como no se engaña a un niño cuando intentas hacer gracietas infantiles. Miguel seguirá saltando generaciones y seguirán envejeciendo solo los demás. No es inmortal, lo sabemos, pero nunca envejecerá aunque lleve pelo blanco.

Mi abuelo era dueño de dos joyerías en Madrid. Mi padre era locutor de radio, lo único que sabía hacer bien era hablar.

¿Te imaginas como hubiera sido mi vida?

Sin embargo, a mi abuelo lo mataron y se quedaron con todo, mi padre pasó muchos años en la cárcel y al salir, encontró a su mujer y su hijo al lado de un militar del Ejército Nacional. No pudo ni abrazarles. Todo estaba perdido, solo le quedaba callar, huir  y empezar de nuevo.  

Mi padre buscó su sustento a través del único talento con el que contaba e ingresó en una compañía de teatro que regentaba por entonces el padre de mi madre. Mi madre trabajaba de actriz y enseguida se enamoraron. De su unión nacieron dos niñas y nosotros.

¿No lo sabías?  Fueron dos en un principio, dos Sres. Vivó.

Nunca se casaron porque mi padre se suponía que ya lo estaba, por lo que fuimos hijos naturales reconocidos. Muchos años después descubriríamos que podían haberlo hecho porque el primer matrimonio de mi padre fue anulado como todos los realizados durante la guerra en zonas republicanas entre el 37 y el 39. 

El trabajo de mi padre en la compañía era el de avanzadilla. Cuando la función estaba montada en una ciudad, él se dirigía en busca de la siguiente. Hacía un estudio de la zona, de la población, de las posibilidades de éxito. Habla con las autoridades. Revisaba las infraestructuras, si tenía teatro o debían montar carpa, alojamiento, abastecimiento…

Pasaba mucho tiempo fuera de casa, si podemos llamar así a nuestra residencia. Nosotros nunca tuvimos casa, deambulábamos de ciudad en ciudad, si acudir a ninguna escuela, sin que nadie se molestara ni tan siquiera en enseñarnos a leer ni a escribir.

En una de aquellas ocasiones no volvió. Nos dijeron que había muerto. En realidad lo que ocurrió es que mi padre daba muy mala vida a mi madre, sobre todo cuando bebía, y en una de estas no le dejaron volver.

Nos quedamos solos con mi madre. Más tarde mi madre se casó por primera vez, puesto que ella era soltera como os conté. Yo recuerdo asistir a la boda de mi madre, algo poco corriente para aquellos tiempos.  

A mi hermana mayor de padre y madre, Delia, la casaron con quince años. A la mediana, Esther, la dejaron en un bar de Madrid tomándose un refresco. Ella tenía doce años y sabía al menos donde vivía mi abuela. Se montó en un tren de mercancías y caminando y preguntando, llegó hasta la casa de mis abuelos donde la acogieron.

A nosotros nos dejaron en la otra punta de Madrid, en un parque, jugando a la pelota. Teníamos siete años, solo sabíamos nuestro nombre. Al caer la noche, un señor nos acogió en su casa y al día siguiente nos llevó a la policía. 

Localizaron a mi madre, pero ella les dijo que no podía mantenernos y que no se hacía cargo. Desde allí nos condujeron a un colegio de curas de León, nuestro lugar de nacimiento. 



Esquina de la izquierda con el collar, mi hermana  Esther. Con las manos en el vientre Delia, sujetando sus hombros su madre Josefina y en la esquina de la derecha, los dos Sres. Vivó, Miguel y su hermano gemelo idéntico, Javier.